Por Javier Yoplac | Opinión
📺 La televisión tiene claro su negocio. Convertir el entretenimiento en audiencia y publicidad. En un formato como Yo Soy, la competencia gira alrededor de cuánto logra parecerse una persona a un artista consagrado. Puede haber talento, disciplina y actuaciones destacadas. Sin embargo, el éxito comercial de la imitación no equivale, por sí solo, al desarrollo de la creación musical peruana.
El problema público comienza cuando las municipalidades adoptan la popularidad televisiva como criterio de reconocimiento y presentan una felicitación, una fotografía o un espectáculo como prueba suficiente de promoción cultural.
La televisión puede organizar su programación alrededor de lo que atrae espectadores. Una municipalidad debe preguntarse, además, qué capacidades desarrolla, qué oportunidades distribuye y qué aporta a la vida cultural de su comunidad.
Huaral abre una pregunta que corresponde a todos los municipios
La Municipalidad Provincial de Huaral anunció un reconocimiento a Nicolás Bujahico, conocido como Mr. Nik, por su triunfo en Yo Soy, interpretando a Adrián Barilari. El joven merece celebrar su esfuerzo y recibir el afecto de su ciudad, pero la autoridad debe responder una pregunta igualmente legítima: ¿qué atención reciben los cantantes, cantautores y agrupaciones locales que desarrollan una propuesta propia sin contar con una vitrina televisiva?
Ese reconocimiento no demuestra, por sí solo, que Huaral carezca de otras iniciativas culturales. Tampoco permite afirmar que todas las municipalidades actúen igual. Sí plantea un criterio para evaluar a cualquiera de ellas. Detrás de la ceremonia, ¿existen programas sostenidos, presupuesto, formación y oportunidades transparentes para los demás artistas?
Celebrar a quien ya alcanzó notoriedad resulta fácil. La gestión cultural se pone a prueba cuando debe identificar y respaldar un talento que todavía no es famoso.
Promover cultura es una responsabilidad municipal
🏛️ En el Perú, la cultura forma parte de las funciones municipales. El artículo 82 de la Ley Orgánica de Municipalidades contempla, entre otras competencias compartidas, sostener espacios como centros culturales, teatros y talleres de arte, promover actividades culturales diversas y proteger y difundir el patrimonio cultural. No se trata simplemente de una cortesía del alcalde de turno.
De ese marco surge una exigencia de gestión, conocer la realidad cultural de la localidad y organizar acciones que tengan continuidad. Una política cultural necesita objetivos, responsables, recursos y resultados que puedan evaluarse.
Un aniversario con artistas invitados puede formar parte de esa labor, pero una sucesión de espectáculos, sin formación ni oportunidades de desarrollo, deja pendiente lo esencial. ¿Qué condiciones se están creando para que el talento local pueda crecer?
La fama televisiva no debe convertirse en requisito
Cuando una municipalidad solo presta atención después de que un artista aparece en pantalla, instala una barrera. Es decir, para ser reconocido en su comunidad, primero debe obtener reconocimiento fuera de ella.
El creador independiente enfrenta entonces un círculo difícil. Necesita difusión para encontrar público, pero le piden popularidad para darle difusión. Necesita escenarios para demostrar su propuesta, pero le exigen convocatoria para contratarlo. Los canales municipales pueden ayudar a romper ese círculo. Una entrevista, una sesión musical, una programación periódica o una presentación bien producida permiten que los vecinos conozcan obras que difícilmente encontrarían por otros medios.
La publicidad institucional también es un recurso público. La decisión de a quién visibiliza merece criterios y explicaciones.
Imitar tiene mérito; crear aporta algo diferente
🎤 La imitación puede exigir capacidades importantes y constituye una forma válida de entretenimiento. Incluso puede ser una etapa en la trayectoria de alguien que después desarrolla un lenguaje propio. Eso no elimina la diferencia entre reproducir una identidad artística y construirla.
Un cantautor aporta letras y melodías nuevas. Puede transformar experiencias personales en memoria compartida, contar historias de su comunidad o expresar los conflictos de su tiempo.
También aporta originalidad un cantante que interpreta obras ajenas con un estilo personal. La creación musical incluye arreglistas, instrumentistas, productores y agrupaciones que desarrollan sonidos propios. La cuestión es si todos ellos encuentran oportunidades o si deben competir siempre en desventaja frente al reconocimiento inmediato de un personaje famoso.
Sería contradictorio admirar a los grandes artistas por haber construido una identidad y ofrecer a los nuevos talentos, principalmente, oportunidades para parecerse a ellos.
La identidad necesita espacio para renovarse
Escuchar música extranjera no debilita automáticamente nuestra identidad. Las culturas crecen mediante influencias e intercambios. Tampoco toda canción original representa necesariamente a una comunidad. El riesgo aparece cuando la programación se concentra en repetir lo conocido y deja poco espacio para descubrir otras voces. Si solo circulan las mismas canciones y personajes, las nuevas obras tienen menos posibilidades de convertirse en parte de nuestra vida.
✍️ La identidad cultural también se construye hoy, en una canción sobre el barrio, una historia familiar, una propuesta de rock, una balada o una fusión que encuentra una manera propia de decir algo.
La cultura de una localidad incluye lo que recuerda y lo que es capaz de crear. Apoyar al artista local exige calidad y trato profesional
Tener canciones propias no garantiza calidad. La promoción cultural debe incluir evaluación profesional, preparación y exigencia. Ese criterio permite distinguir propuestas sólidas y ayudar a mejorar aquellas que tienen potencial.
Para hacerlo, los municipios pueden desarrollar acciones concretas:
- Convocatorias públicas y criterios de selección claros, que permitan acceder sin amistades ni cercanía política.
- Programación estable y diversa, con espacio para música original, intérpretes con identidad propia y otras expresiones artísticas.
- Formación y acompañamiento, mediante talleres de composición, interpretación, producción y gestión.
- Difusión sostenida, aprovechando escenarios y canales municipales para acercar artistas y vecinos.
- Contrataciones con condiciones claras y remuneración justa, respetando el trabajo profesional.
La cercanía geográfica no vuelve gratuito el oficio. Pedir al artista local que cante por “exposición”, mientras se dispone de presupuesto para otras figuras, exige una explicación especialmente rigurosa. También debe respetarse su independencia. El acceso a un escenario público no debería depender de elogiar al alcalde, participar en su propaganda o guardar silencio frente a su gestión.
Menos ceremonias aisladas, más resultados
Para afirmar que los imitadores reciben más contratos o presupuesto que los artistas con producción propia, corresponde revisar la información. Esa investigación debe hacerse con programaciones, montos, beneficiarios y criterios de contratación.
La pregunta para los municipios es concreta: ¿cuántos artistas locales han podido formarse, presentar su obra, encontrar público y recibir una contratación gracias a su gestión?
Ahí se mide el compromiso cultural. Los reconocimientos pueden ser valiosos, pero necesitan estar acompañados de oportunidades que lleguen también a quienes todavía trabajan lejos de las cámaras.
🎶 La televisión puede hacer negocio con el parecido. Los municipios tienen la responsabilidad de abrir espacio a la diversidad y a la creación. El talento local no debería necesitar el nombre de otro para que su propia ciudad lo escuche.
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