Crecer con un apellido que nadie sabe pronunciar es vivir con una pregunta constante a cuestas. "Es yugoslavo", repetía mi familia como un mantra, pero en el fondo, la molestia...
Crecer con un apellido que nadie sabe pronunciar es vivir con una pregunta constante a cuestas. "Es yugoslavo", repetía mi familia como un mantra, pero en el fondo, la molestia...